La ruta jacobea del abuelo de Ahostar, nieto de Hotar

[Versión ‘todavía muy’ provisional. Actualizado 30.04.2015]

El abuelo de Ahostar, nieto de Hotar (por continuar con la analogía inspirada en el documental de Alberto Santana), llegó a Vizcaya desde el Alto Garona por la Vía Tolosana. Esta ruta, luego convertida en Camino de Santiago, era una de las habituales para acceder desde el continente europeo a la península ibérica. Claro que antes de afincarse definitivamente en el Duranguesado, Ahostar pasó un tiempo en Auch, Orthez, Roncesvalles, Pamplona y Alegría-Dulantzi, todos ellos importantes hitos de la Vía Aquitana.

Map of the world heritage sites of the Way of St. James in France. German localization.

Map of the world heritage sites of the Way of St. James in France. German localization (WikiMedia Commons)

Estamos analizando el desarrollo teórico de Joseba Lakarra para explicar la dialectología diacrónica vasca y en el apartado 3, ‘La fragmentación de las lenguas antiguas’ de Lakarra (2014:166-181), nos hallamos ante axiomas que consideramos discutibles:

  1. Salvo error, entendemos que Lakarra 2014 analiza y propone –para explicar el desarrollo de los dialectos vascos– el modelo de ramificación binaria (que varios autores han aplicado a otros procesos: Clark 1987, Lynch, Ross & Crowley 2002, McMahon & McMahon 2005), Blažek 2007, Ross 2009, etc.)
  2. Nos surge la duda de si los procesos de dialectalización solo pueden ser explicados mediante el modelo de ramificación binaria, pues eso da a entender Lakarra al culpar a Zuazo 2010 de no haberlo utilizado
  3. ¿Se explica la dialectalización a partir de situaciones de koiné, como la de la Grecia helenística a partir del siglo IV a. C., por ramificación binaria?
  4. ¿Se explica la diferenciación de las lenguas románicas, siglos I-IX, por ramificación binaria?
  5. ¿Se explica el proceso de diversificación del español de América (a partir del siglo XV) por ramificación binaria?
  6. ¿Se explican mediante el mismo modelo las variedades surgidas de una koiné –o confluencia coyuntural de variedades de una lengua– frente a las surgidas en procesos de migración (de poblaciones, vg. indoeuropeas, celtas, ugrofinesas)?
  7. Creemos que la respuesta es negativa, al menos para los casos de expansión de koiné que hemos mencionado
  8. ¿No hay otras opciones? Creemos que debe haberlas
  9. Creemos que es necesario contar con un modelo que permita pasar de lo binario a lo múltiple, en algunos casos
  10. ¿Hay algún limitación a la fragmentación múltiple (vg. lenguas románicas, o  veriedades de español de Ámérica)?
  11. ¿Pueden migración y koiné coincidir y confundirse en algunas situaciones históricas?
  12. ¿Los distingue Lakarra 2014 al teorizar sobre la dialectalización del euskera entre los siglos V-XXI, o en etapas anteriores (vg. preprotovasco, protovasco?

[…]

Chemins de Compostelle

Chemins de Compostelle. Carte pour l’Col des Écharmeaux

Yacimientos del sur de la Galia que han ofrecido armamento de los siglos VI y VII d.C., según Stutz (1998) y lugares tardoantiguos de la Península Ibérica mencionados en el texto (Azkarate 2013)

Yacimientos del sur de la Galia que han ofrecido armamento de los siglos VI y VII d.C., según Stutz (1998) y lugares tardoantiguos de la Península Ibérica mencionados en el texto (Azkarate, García Camino 2013)


Lakarra (2014:213): “Si las isoglosas antiguas se hubieran distribuido de norte (N) a sur (S) o de noroeste (NO) a sudeste (SE),  y si quisiéramos describir la distribución dialectal más antigua, creo que habría que revisar los símbolos “B”, “G”, “L”, “GN”, “BN” y “Z” (asociados a demarcaciones políticas en lugar de geográficas) en favor de otros como MEZ (= Mendebaleko Euskara Zaharra, vasco occidental antiguo), EkEZ (= Ekialdeko Euskara Zaharra, vasco oriental antiguo) o MEMu (= Mendebalde Muturrekoa, vasco occidental extremo), ErEkEZ (Erdi-Ekialdeko Euskara Zaharra, vasco medioriental antiguo), etc. Siguiendo este criterio, así como el de la ramificación binaria, el árbol de la fragmentación dialectal a finales de la Edad Media tendría este aspecto:
]

Lakarra (2014:213) glosa el árbol: “Las iniciales de los dialectos que se han utilizado comúnmente desde Bonaparte se marcan entre paréntesis (“B”, “G”, “L”, “GN”, “BN” y “Z”). Tanto en el centro como en oriente, los que aparecen por debajo o en horizontal de las líneas de puntos muestran los dialectos que se formaron después de la Edad Media. Las flechas en los nodos finales indican si algún dialecto ha sido objeto de “aproximación”: vg., lo que toma L del BN occidental (?), o las hablas de Salazar (Zaraitzu) o Mixe (Amikuze) del Z (según observan los dialectólogos, Camino 2012). Respecto al occidental, se distinguen De-Ga (Alto Deba) y MeMu (=B, occidental extremo), para los que no se ha reseñado acercameinto o influencia mutua reciente. La flecha indica lo que por costumbre se ha tomado como propio en tiempos modernos, aunque no se conozca ningún elemento propio de origen o adquirido durante un tiempo prehistórico largo y sean dos ramas genéticas distintas.

Primera fragmentación del vasco antiguo común ( (Lakarra 2014)) Posible esquema de fragmentación del vasco común antiguo (Lakarra 2014:213)[/caption
Lakarra (2014:214): “Si observamos las 14 ramas del árbol, teniendo en cuenta su densidad geográfica, vemos claramente la polarización que se produce en el área navarra (9/14) y, lo que es más llamativo, si se dejan de lado Err (roncalés), ErdNaf (= L más IGN, navarro medio) y HeMuNa (Hegoalde Muturreko nafarrera, navarro meridional extremo), cinco se hallan al norte de Pamplona (Iruñerrikoa, pamplonés; Aezkera, aezcoano; Zaraitzuera salacenco; dos bajonavarros, Nafarroa Beherekoak; que con Err, roncalés, harían seis). Teniendo en cuenta además lo pequeños que son esos espacios, no hay nada ni remotamente parecido en la Vasconia occidental (Señorío de Vizcaya, Guipuzcoa, o Álava). Comparada con la del oriente navarro, o entre Pamplona y el río Adur, la distribución dialectal en Vasconia occidental es mucho más liviana.

El modelo que ofrece la teoría de las migraciones lingüísticas (Campbell 1998), trata de determinar el menor número de movimientos que son necesarios para revertir las migraciones o expansiones para devolver, con los movimientos mínimos, las lenguas al lugar del que puede testificarse su última distribución. Así, si se combina la ubicación de mayor diversidad y los movimientos mínimos para devolver las lenguas al lugar de mayor diversidad de sus parientes más cercanos, se halla el hipotético lugar de origen (Campbell 1998: 352).

Lakarra (2014:214): “En nuestro caso, el lugar de desarrollo del EBZ y origen de su expansión se hallaría aparentemente al norte de Pamplona (nota 150). Pudiera ser, pero en este trabajo hemos repetido una y otra vez que son las distribuciones más antiguas las principales entre las lenguas, por lo que no deberíamos fijarnos en la parte inferior y más superficial del árbol como base para el análisis, sino por el contrario, la superior, pues ahí se encuentran los estadios anteriores a todos las demás. En consecuencia, habría que ir a la parte superior del árbol para encontrar el lugar de origen del EBZ.

Lakarra (2014:215) trae a colación en este punto la propuesta de Juha Janhunen sobre la fragmentación de las lenguas urálicas, que da pie a la nota 152: “Una mirada objetiva al corpus de lenguas urálicas parece revelar un árbol de ramificación occidentalizante muy sistemático, con la división entre las lenguas samoyedas y las ugrofinesas en la parte inferior” (Janhunen 2009: 64-65). Comenta Lakarra, “en nuestros primeros esbozos (2014:203-204), los árboles 2 y 4 denotaban una ramificación hacia occidente, pero hacia oriente los árboles 1 y 3 (¿hay algún hecho extralingüístico que lo explique?). Si la teoría de la vasconización tardía no fuera infundada (si tuviera algún fundamento lingüístico, pace Abaitua & Unzueta 2011), no haría falta decir que la expansión del vasco antiguo común no implica, sin más ayuda, el supuesto de que previamente en esos territorios de expansión no se hablaran formas dialectales más antiguas de esa misma lengua: ¿acaso solo tras la expansión de la koiné se habló griego en todos los lugares en los que se llegó a hablar? (cf. Adrados 1999). ¿Se expandió el mongolés común (cf. Janhunen 2003b) sólo a tierras en las que no se hablaba previamente ninguna variante mongola? También Banús y Aguirre (1990: 331) creen que en la “invasión” del siglo VI los vascones impusieron en la Vasconia septentrional y en Gascuña su lengua sobre otra variedad previa de euskera, no sobre lenguas romances. En épocas más recientes, los dialectólogos que analizan el lenguaje juvenil observan que el euskera batua causa interferencias sobre las hablas locales, y que en algunos lugares se llega a sobreponer. Es obvio que si ese fenómeno continuara surgirían algún día nuevas hablas o dialectos locales. Pero nadie de momento ha sugerido que la expansión del euskera batua moderno se haya producido únicamente por zona no vasca o a expensas de lenguas no vascas.

Lakarra (2014:217) modifica el árbol de la dialectalización a partir de una cronología para algunos cambios fonéticos de especial relevancia propuesta por Henri Gutier (1989). De acuerdo con Gutier, hay una secuenciación necesaria entre los siguientes cambios fonéticos:  “n > ø” (catena > katea) tuvo que ser primero (de principios del siglo IV) y anterior a la asimilación “nd > n”  (que data inmediatamente después, a mitad del siglo IV), y a la sonorización “nt > nd” (adventu > abentu, voluntate > borondate, que sitúa a finales del siglo IV) ; así el préstamo candela > kandera tendría que ser posterior a 350, cuando ya había tenido lugar la reducción nd > n (¿ejemplos?).

La datación de nt > nt a finales del siglo IV lleva a Lakarra a plantear dos importantes hipótesis:

  1. Que dicho cambio no es posterior, sino anterior a la formación del vasco antiguo común (que Mitxelena data en los siglos V-VI)
  2. Que la fractura del vasco oriental antiguo (EkEZ, del que derivan el roncalés y el suletino, Err y Z) se habría producido cuatro o cinco siglos antes de la fecha prevista por Mitxelena, puesto que en estos dialectos no se produce nt > nd.

En consecuencia, la ramificación EkEZ de la lengua vasca común EBZ habría de localizarla más arriba en el árbol: en un estadio X que da lugar (a finales del siglo IV) a la fragmentación del EkEz de EBZ.

Pero esta conclusión creemos que peca de extrema. No todos los fenómenos fonéticos tienen el mismo peso o impacto en el sistema de la lengua. Así, mientras que la regla “n > ø” (catena > katea) aplicada a los préstamos latinos parece afectar de manera universal, la sonorización de oclusiva tras nasal o lateral, parece mucha más parcial. Mitxelena ([1961], 1990:352-361), dedica varias páginas a analizar este fenómeno, ofrece contraejemplos occidentales (altara, altu) y orientales extremos (álgar, golgo, zalge).

Dice Mitxelena ([1961], 1990:355): “Hay dos formas de interpretar estos hechos. Lo más natural parece pensar que en vascuence se ha llegado a neutralizar la oposición sorda/sonora detrás de nasal y l sonorizando en esa posición las oclusivas sordas con posterioridad a la introducción de los primeros préstamos latinos: roncalés y suletino serían por tanto dialectos arcaizantes que han conservado mejor el antiguo estado de cosas. Pero acaso se pueda suponer también que se trataba de un tipo de lengua en que la oposición quedaba suspendida en esos contextos, en los cuales las oclusivas sordas se pronunciaban uniformemente sonoras (o lenes). En este supuesto, las nuevas formaciones y los préstamos que presentaban grupos formados por nasal o l + oclusiva se seguirán acomodando por bastante tiempo al tipo normal, siendo el roncalés y el suletino los dialectos que primero abandonaron esta práctica. […] En la medida en que una prueba es posible, ld y nd parecen haberse conservado, y no sólo en los préstamos: común aldi ‘vez, tiempo’, frecuente como último miembro de compuestos (aspaldi, que es también roncalés y suletino); beldur ‘miedo’ es roncalés de Uzatarroz según Azkue y beldür suletino según Gèze; el común and(e)re ‘señora, mujer’, suletino andé(r)e (y andderejer ‘comadreja’), roncalés andere, coincide con el aquitano Andere, y el común (h)andi, (h)aundi ‘grande’ es en roncalés y en suletino (h)ándi. También el común indar ‘fuerza’ tiene esta forma en los dialectos del extremo oriental.

Respecto a nd > n dice ([1961], 1990:356): Los ejemplos de reducción de ld y nd que se citan son escasos, recientes y explicables por razones particulares. Pronunciaciones modernas como billur ‘miedo’ e illo ‘surco’ (roncalés y suletino ildo) proceden de -l’ d’- con palatalización del grupo tras i; el grupo ha podido reducirse en la partícula condicional balin < baldin

En este nuevo árbol, la proto-cuna del vasco antiguo común EBZ debió situarse a ambos lados del meridiano que surca Estella-Ergoiena-Goiztueta-Hondarrabia y no al occidente de Pamplona, bastante más tarde que el claro escenario anterior; la estructura y cronología lingüística de este nuevo vasco antiguo común quedaría para investigaciones futuras; asimismo los de “EBZ-at” (= EkEZ) y “X”. n155

Estén dentro o fuera del vasco antiguo común Err-Z, la frontera que atesora mayores diferencias genéticas no es la que separa el B de los demás dialectos, sino primero la que divide Err-Z y luego la que puede trazarse entre Estella y Hondarribia. Cómo han evolucionado las cosas para dar una imagen distinta ante la mirada de muchos hablantes y de algunos dialectólogos es algo habrá que analizar, y no una fragmentación y clasificación remota y definitiva. Recuérdese lo comentado sobre los pormenores de la clasificación del gascón, por ejemplo

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