Vettonia, ¿realidad indígena o construcción romana?

Recogemos en esta entrada una lista de fragmentos extraídos del artículo “Vetones y Vettonia: Etnicidad versus ordenatio Fíbula vetonaromana” (.pdf) de Eduardo Sánchez-Moreno (2009), publicado en Lusitanos y vettones: los pueblos prerromanos en la actual demarcación Beira Baixa, Alto Alentejo, Cáceres / coord. por Primitivo J. Sanabria Marcos, ISBN 978-84-9852-191-7, págs. 65-82.

Hacemos de esta forma un  nuevo ejercicio de fragmentación del discurso (Cantamutto y otros 2014), dentro del proyecto NeLHi: Enlazando la historia de nunca acabar (Universidad de Deusto, topHistoria). Pretendemos que cada segmento tenga sentido pleno, sin perjuicio de que desde el punto de vista documental y académico deba interpretarse en el marco de la fuente de la que procede, en este caso Eduardo Sánchez-Moreno (2009).

Aviso: en la versión más reciente hemos reintroducido elementos anafóricos (vg. ‘el autor’, ‘su’) que facilitan la lectura del texto.


  1. En este trabajo Eduardo Sánchez-Moreno (2009) reflexiona sobre el grado de identidad cultural y cohesión étnica de las poblaciones identificadas con el etnónimo vetones
    Wikipedia: Vetones
  2. El autor atiende primero al estadio prerromano o formativo de la Vettonia en la Edad del Hierro
  3. Aborda seguidamente su demarcación territorial como espacio etnopolítico del Occidente hispano
  4. Se pregunta si los vetones y su región constituyen una realidad indígena (resultado de un proceso de identidad y apropiación endógeno)
  5. O si por el contrario son el producto de una construcción romana,  esto es, de una particular ordenación del espacio conquistado (como sostiene la historiografía más reciente)
  6. Aun reconociendo la artificialidad de una Vettonia absoluta, Sánchez-Moreno cree posible postular la existencia de comunidades en las que son reconocibles procesos y expresiones de identidad compartida a lo largo del I milenio a.C.
  7. Los vetones constituyen, según este autor, el ethnos más oriental comprendido en los límites de la Lusitania romana
  8. Indicadores arqueológicos (distribución de verracos, castros, cerámicas peinadas y manufacturas metálicas, fundamentalmente) llevan a relacionar a los vetones con un extenso territorio a ambos lados del Sistema Central
  9. El espacio de los vetones se circunscribe tradicionalmente a las actuales provincias de Ávila y Salamanca -hasta la ribera zamorana del Duero y los valles del Águeda y el Côa en los confines de la Beira portuguesa-, el sector oriental de la provincia de Cáceres, el occidente toledano y los límites del Guadiana central
  10. Según las fuentes, los vetones comparten frontera con los vacceos al Norte, astures al Noreste, lusitanos al Oeste, célticos y túrdulos al Sur, oretanos al Sureste, carpetanos al Este y quizá con los arévacos hacia el Noreste
  11. Hay que tener en cuenta las imprecisiones y anacronismos en la proyección literaria de los territoria de la Hispania antigua
  12. Esta proyección literaria está sujeta a las directrices del imperialismo romano, en cuyo discurso se inserta como instrumento de propaganda y alteridad
  13. E igualmente deben reconocerse las dificultades en la definición política de las unidades de población de la Hispania antigua dentro de unas coordenadas espacio-temporales objetivables
  14. En lo que a la etnogénesis de las poblaciones vetonas se refiere, su punto de arranque suele establecerse en la cultura de Cogotas I del Bronce Medio-Final
  15. A partir de ciertos indicios de continuidad poblacional y la filiación de elementos de cultura material, el proceso formativo de etnogénesis vetona se afianza más claramente en el Hierro Antiguo
  16. Entre los elementos de cultura material de filiación vetona destacan los repertorios cerámicos con decoración a peine
  17. Un ejemplo de poblamiento castreño del Hierro Antiguo perteneciente a un estadio protovetón es el paralelo al horizonte Soto de Medinilla del Duero central
  18. En los “siglos oscuros” del VIII al V a.C., se configura en Vettonia un sustrato cultural indoeuropeo
  19. Este sustrato cultural indoeuropeo está constatado, al menos lingüísticamente, por el posterior registro onomástico de la región vetona
  20. El Hierro Antiguo es el momento en el que se reciben también influencias orientalizantes, a través del viejo camino de la Plata y los vados del Tajo
  21. Las influencias orientalizantes convertirán la Vetonia en un hinterland septentrional de Tarteso
  22. En el contexto de las relaciones comerciales con los centros del sur, muy activos, destaca el papel suministrador de recursos humanos y  naturales (metales, ganado, cosechas) de las regiones comprendidas entre el Guadiana y el DueroVillanueva de la Vera
  23. Como resultado de estas relaciones comerciales se producirá una aculturación orientalizante de la Vettonia
  24. Este fenómeno explica el sabor “iberizante” de algunas manifestaciones de la arqueología vetona: recipientes de bronce, producciones orfebres, cerámicas pintadas, grafitos en escritura meridional, etc.
  25. A partir del siglo V a.C., tras el ocaso tartésico, se desarrollan las periferias y prosigue la reorientación interregional
  26. En el interfluvio Tajo-Duero arriaga un patrón de asentamiento cuyo hábitat más expresivo son los núcleos fortificados o castros
  27. Los castros se emplazan en laderas, piedemontes y riberos, sobre posiciones preeminentes y con buenas condiciones para el control de territorios y caminos
  28. Algunos castros son de nueva planta y otros, preexistentes desde el Bronce Final, se potencian con la llegada de nuevos grupos en procesos de concentración y presión territorial
  29. Alrededor de los castros se disponen a veces asentamientos menores y dispersos (aldeas, caseríos) que señalan una jerarquización del poblamiento
  30. La jerarquización responde a factores estratégico-defensivos y a un mejor aprovechamiento económico del medio
  31. A finales de la Edad del Hierro, coincidiendo con el avance de púnicos y romanos por el interior peninsular, algunos castros se convierten en lugares centrales u oppida
  32. Asimismo, algunos castros desarrollan núcleos urbanos mayores, dotados de sólidas defensas y con poblaciones que superan el millar de personas
  33. Los oppida abulenses de Ulaca (Solosancho), Mesa de Miranda (Chamartín de la Sierra) o El Raso (Candelada), con superficies comprendidas entre 20-60 ha., representan los mejores ejemplos de castros prominentes
  34. Las gentes vetonas conforman una sociedad que desde una clasificación cultural podemos definir como “guerrera y pastoril”
  35. Ser una sociedad “guerrera y pastoril” no es una singularidad sino un lenguaje común de la Protohistoria
  36. La riqueza ganadera y el cariz guerrero en cambio pueden considerarse rasgos definitorios de la identidad de las élites vetonas
  37. El estatus se exhibe principalmente mediante la posesión de rebaños y la ostentación de armas
  38. Las comunidades vetonas se organizan en territorios políticos de distinto tamaño articulados por un castro u oppidum, capital y sede de las instituciones civiles y religiosas
  39. Una manifestación de la organización jerárquical castreña son las necrópolis de cremación de los siglos IV-II a.C.
  40. A la cabeza de las comunidades vetonas (compuestas por grupos familiares de distinto rango) se sitúan aristocracias guerreras
  41. Las aristocracias guerreras basan su poder en el control de los recursos económicos
  42. Los recursos económicos de las élites vetonas son sustancialmente ganaderos, como indican los verracos
  43. Las aristocracias guerreras impulsan su poder estableciendo relaciones con otras regiones, en estrategias de dominio ideológico y coercitivo sobre su grupo
  44. En momentos plenos de la Edad del Hierro una parte importante de la información sobre la estructura social procede de las necrópolis de cremación
  45. De entre ellas las más célebres y mejor estudiadas son las abulenses de Las Cogotas (Cardeñosa), La Osera (Chamartín de la Sierra) y El Raso (Candelada), clásicas de la arqueología vetona
  46. Las necrópolis de cremación están organizadas en sectores funerarios que obedecen a agrupamientos familiares amplios
  47. En las necrópolis de cremación el acceso al espacio funerario es selectivo: no está enterrada toda la población, sólo los individuos de derecho y por ello privilegiados
  48. La formación de estos cementerios corre en paralelo al afianzamiento de los poblados a los que se vinculan como espacio consagrado a sus muertos
  49. Su uso temporal (desde fines del siglo V hasta fines del II a.C. grosso modo) señala una adscripción al territorio
  50. Estas necrópolis responden a una definitiva sedentarización, convirtiéndose en un nexo de identidad espacial y colectiva de las poblaciones
  51. Las aristocracias guerreras tienen su refrendo en las tumbas de mayor riqueza, que incluyen panoplias militares, instrumental equino y bienes de prestigioDagas, Cogotas II
  52. Las tumbas de las élites se señalan con estelas, empedrados y pequeños túmulos
  53. El porte guerrero de sus titulares es advertido por las fuentes literarias, que mencionan por ejemplo el auxilio de los jefes vetones a los pueblos vecinos
  54. Amenazados por el avance primero de cartagineses y luego de romanos, las élites constituyeron una suerte de confederaciones militares
  55. Por ejemplo apoyaron a Viriato en las guerras lusitanas a mediados del siglo II a.C.
  56. ¿Cuál es el grado de identidad de estas gentes?
  57. ¿Poseen rasgos que denoten un auto-reconocimiento o una “conciencia étnica”?
  58. ¿Qué lleva a los observadores griegos y romanos desplazados a la Península a singularizar y diferenciar a las aristocracias guerreras vetonas de las de otros populi hispanos?
  59. En el debate de las identidades de la Hispania prerromana, la etnicidad es un tema de notable actualidad
  60. Los conceptos “etnia” o “pueblo” no son categorías absolutas, como hacen pensar las fuentes al alumbrar a las gentes paleohispanas como realidades fijas o atemporales
  61. Los conceptos “etnia” o “pueblo” son procesos dinámicos y situacionales en constante construcción
  62. La antropología y la sociología demuestran hoy que la etnicidad es un complejo agente en movimiento
  63. Los conceptos “etnia” o “pueblo” nada tienen que ver con un decálogo biológico ni mucho menos racial (por ello invariable o inmóvil), como se asumía en el siglo XIX
  64. Los conceptos “etnia” o “pueblo” no tienen constatación directa con una cultura arqueológica, como pensara V. Gordon Childe con su exitosa propuesta de los círculos culturales
  65. Al contrario, la etnicidad es una construcción subjetiva que responde a determinadas percepciones, coyunturas y manipulaciones
  66. Podemos definir la etnicidad como la identificación propia o externa de un grupo amplio de población sobre presunciones básicasEuropean Late Neolithic
  67. Presunciones básicas son, entre otras, un origen y descendencia común –ciertos o inventados–, un territorio familiar, una afinidad lingüística y una diferenciación cultural percibida o trazada por oposición a otros con los que se coexiste o pretende diferenciarse
  68. La etnicidad y sus formas de expresión son resultado de una interacción
  69. Una entidad étnica existe sólo en contraste con otra hasta el punto de venir frecuentemente definida desde fuera, de ser la percepción de un “yo” frente a un “otro”
  70. Manifiestamente en la Edad del Hierro y durante la conquista romana los grupos de poder de una comunidad hacen expresión de su identidad de forma voluntaria o predeterminada a través de medios y comportamientos
  71. Algunos de ellos serían ritos y creencias, formas de ocupación del espacio, tradiciones y leyes, usos onomásticos, atuendo personal, estilos decorativos, instituciones y emblemas, himnos y epopeyas…
  72. Para los vetones, los verracos condensan simbólicamente el peso de la ganadería en sus creencias y formas de vida
  73. Las toscas esculturas de toros y suidos deben entenderse como hitos protectores de territorios, poblaciones y cabañas domésticas
  74. Son portadores de un simbolismo polivalente, que impide interpretar unívocamente los más de cuatrocientos ejemplares conocidos entre el siglo IV a.C. y tiempos altoimperiales
  75. Los ejemplares más antiguos sugieren un sentido territorial y apotropaico como marcadores de pastos, poblados y caminos sobre el paisaje cultural de la Edad del Hierro
  76. Los zoomorfos son un icono de identidad espacial o etnicidad que opera sobre comunidades extendidas sobre un territorioVerracos
  77. Representan una de las mejores expresiones del poder de las elites vetonas dueñas de pastos y rebaños
  78. Los verracos se convierten en emblemas de los señores del ganado y la guerra, acorde con la progresión de la identidad colectiva a partir del papel motriz de los jefes
  79. Los verracos traducirían inicialmente el poder individual de los jerarcas familiares (los propietarios de pastos y rebaños)
  80. Los verracos acaban convirtiéndose en un emblema de grupo
  81. Un emblema de la comunidad o habitantes del castro que se identifica bajo este atributo zoomorfo
  82. Es al tiempo sostén económico y expresión del poder de las élites
  83. Los verracos constituyen una suerte de imagen heráldica protectora de la comunidad, de la propia ciudad y sus gentes
  84. Esta interpretación cabe aplicarse al verraco descubierto en la primavera de 1999 en el nivel inferior de la Puerta de San Vicente, en la muralla de Ávila
  85. El verraco de la muralla de Ávila es un hallazgo excepcional al tratarse de un verraco tallado in situ
  86. Está esculpido directamente en la roca natural e integrado en el primigenio recinto de la ciudad, marcando la entrada de una puerta o vano
  87. No puede confirmarse todavía si Ávila es una fundación ex novo del siglo I a.C., con gentes desplazadas de los castros de alrededor, o un asentamiento indígena preexistenteverracoAvila
  88. El nombre de ουεττωνεζ (en griego), vettones (en latín), es transmitido por primera vez en las fuentes a finales del siglo III a.C.
  89. Esto sucede con el alumbramiento de los pueblos de la Meseta a raíz de la expedición de Aníbal a tierras del Duero en el 220 a.C. tras la Segunda Guerra Púnica
  90. El empleo de éste y otros etnónimos del Occidente hispano se extenderá de la mano del largo proceso de anexión y explotación de las tierras hispanas por parte de la República romana
  91. Esto sucede  al tiempo que los conquistadores van teniendo constancia de las diversas unidades de población indígena
  92. Las primeras incursiones romanas en el territorio de los vetones se producen a inicios del siglo II a.C. con las expediciones de los gobernadores Fulvio Nobilior hasta el Tajo (193-192 a.C.) y Postumio Albino hasta el Duero (180-179 a.C.)
  93. No es hasta el final de las guerras lusitanas, con las campañas de Servilio Cepión (139 a.C.) y sobre todo Junio Bruto (138 a.C.), el primero en arribar al país galaico, cuando las tierras ocupadas por los vetones se integran en los límites de la Hispania Ulterior
  94. El dominio romano de las tierras ocupadas por los vetones es más teórico que real pues la pacificación plena del territorio no se logra hasta el gobierno de César, primero como quaestor (69 a.C.) y más tarde como pretor de la Ulterior (61-60 a.C.)
  95. Por medio ha tenido lugar el episodio de inestabilidad  sertoriano (82-72 a.C.) Wikipedia: RomanRepublic40BC
  96. El brillante general y hábil político que es César desarrolla en Lusitania una labor que combina el sometimiento de últimas poblaciones levantiscas, obligadas a establecerse en el llano, con la promoción jurídica y la potenciación urbana
  97. El corónimo Vettonia, como territorio de adscripción de los vettones, es posterior y hasta cierto punto artificial
  98. El corónimo Vettonia se consigna probablemente en los últimos años del siglo I a.C., en el contexto de la reorganización administrativa llevada a cabo por Augusto
  99. Augusto, princeps triunfante sobre cántabros y astures (29-19 a.C.), concluida en Hispania una conquista que se había prolongado por dos siglos
  100. Augusto es el encargado de reorganizar los espacios provinciales y asentar las bases ideológicas de la romanización en Occidente
  101. Podemos considerar a Augusto como verdadero pater Hispaniarum
  102. Es precisamente en este horizonte de la pax augusta en el que hay que leer los datos de Estrabón, nuestra principal fuente para el conocimiento de las etnias hispanas
  103. La visión que las fuentes clásicas dan de los pueblos hispanos responde a la observación externa, a la lectura sesgada, que los autores grecorromanos proyectan desde el prisma del choque cultural
  104. El choque se produce en una situación además determinante como es la conquista romana de la Península Ibérica, con el progresivo avance de las legiones
  105. Roma traerá consigo no sólo la restructuración de la territorialidad indígena, sino la relaboración por parte de los conquistadores de una imagen estereotipada de los conquistados
  106. La estampa de estos vetones que no saben sino dormir o guerrear es el resultado de la simplificación de conductas contrapuestas a los parámetros clásicos
  107. Un ejercicio de decodificación nos permitiría recuperar algo del contexto originario en el que se crea y luego distorsiona esa imagen
  108. Es el contexto de las jefaturas guerreras de la Edad del Hierro con hábitos como el banquete aristocrático, la guerra o los retos personales como formas de afirmación social
  109. Historiográficamente hablando, accedemos al paisaje étnico de Hispania a través de los ojos de Roma
  110. La idea que los vetones tuvieron de sí mismos –si es que tuvieron conciencia de identidad como grupo– probablemente no coincide con la que transmiten los historiadores antiguos
  111. El cuadro que los clásicos brindan de las agrestes gentes hispanas es subjetivo (la visión del otro), selectivo (no están todos los pueblos que son) y predominantemente tardío
  112. La mayor parte de las noticias son del tiempo de la conquista, cuando escribe Polibio (mediados del siglo II a.C.), y algo más tarde Estrabón y Diodoro de Sicilia (fines del siglo I a.C.)
  113. Las relaciones geográficas de Plinio y Tolomeo corresponden ya a la organización administrativa altoimperial, por lo que conllevan una transformación del marco indígena
  114. Desconocemos además los criterios últimos que emplearon los autores antiguos para enumerar pueblos y tierras
  115. Tampoco sabemos mucho sobre la génesis y transmisión de los etnónimos
  116. Un sector de la investigación actual considere que el mapa étnico que trazan las fuentes responde más a una constructio romana que a la realidad indígena
  117. No se trataría de marcos étnicos sino de espacios caracterizados por ciertos rasgos geográficos o etnográficos (“las gentes que habitan junto a tal río”, “en torno al pueblo o lugar de tal nombre”), advertidos desde fuera
  118. Roma eleva ad hoc estos espacios a la categoría de territorios históricos
  119. Asumiendo incluso que las etnias en su sentido nominal surjan del choque con Roma, estamos ante procesos avanzados de configuración étnica y definición político-territorial
  120. Estos procesos son susceptibles de reconocerse en una serie de indicadores a lo largo de la Edad del Hierro
  121. Con la acción de Roma en Iberia es precisamente cuando estas entidades se convierten en “sujetos históricos” al consignarse en la historiografía clásica
  122. Hablamos entonces de vetones, lusitanos o vacceos como si de imágenes fijas se tratara…
  123. El mismo retrato estereotipado e infinito que los cómics de Astérix dibujan del galo, el germano, el griego o el egipcio como arquetipos etnográficos
  124. Volviendo al etnónimo vettones, poco sabemos de su etimología y origen
  125. No hay que descartar que esa denominación, aun en lenguaje indígena, podría venir dada desde fuera por un pueblo vecino a nuestros protagonistas en un contexto de enfrentamiento o enemistad
  126. Frecuentemente, los etnónimos derivan de antropónimos (nombres de héroes fundadores o reyes epónimos, reales o míticos)
  127. Los etnónimos también derivan de denominaciones genéricas del tipo “los primeros”, “los antiguos”, “los valientes”, “los hombres”, “los libres”…
  128. No hay que excluir que los etnónimos deriven de algunas derivaciones toponomásticas (nombres de ríos, montañas u otros parajes naturales de referencia)
  129. En no pocos casos los calificativos étnicos aludirían a las elites dirigentes
  130. Las élites dirigentes son quienes en un primer momento lideran y maniobran los procesos de identidad colectiva
  131. Las élites dirigentes se presentan como valedores de la comunidad, los jefes guerreros cohesionan, definiéndola desde su propia caracterización ideológica, la etnicidad de las gentes sobre las que se imponen
  132. El poder es identidad y la identidad cubre el poder
  133. Para los vetones se han propuesto etimologías en este sentido, hipotéticas pero ilustrativas
  134. Alicia M. Canto plantea una relación con el griego étos y el latín vetus, por lo que los vetones serían algo así como “los viejos, los antiguos”
  135. Manuel Salinas, a partir de los trabajos de Mª Lourdes Albertos (1966: 244), entiende el radical vect- con el significado de “lucha, hostilidad, guerra” en varias lenguas celtas y propone que los vetones serían “los luchadores, los hombres de la guerra”
  136. La presión de púnicos y desde el siglo II a.C. en adelante de romanos, representa un factor de inestabilidad en las poblaciones de la Meseta occidental, que forzosamente reaccionan
  137. La dinamización política se agudiza en momentos de estrés como el provocado por el imperialismo romano
  138. La dinamización política es un fenómeno que se superpone y matiza la etnogénesis final de las comunidades de la Edad del Hierro
  139. En este contexto se maniobran conciencias o procesos de etnicidad verificables por ejemplo en la aparición de confederaciones de pueblos indígenas frente a Roma
  140. O en la emergencia de régulos al mando de ejércitos ciudadanos o en la expansión del mercenariado
  141. Dos ejemplos bastarán para el caso de los vetones
  142. El primer ejemplo es la coalición militar de vetones, celtíberos y vacceos en ayuda de los habitantes de Toletum, ante el avance de las tropas de Marco Fulvio, pretor de la Ulterior, en dos campañas sucesivas, 193 y 192 a.C.
  143. Una coalición que recuerda muy de cerca el frente panmeseteño de vacceos, carpetanos y olcades que una generación antes había plantado cara a Aníbal en un vado sobre el Tajo, al regreso de la campaña del cartaginés al país vacceo
  144. El segundo ejemplo es el auxilio prolongado que a lo largo del siglo II a.C. algunos jefes vetones prestan a los lusitanos, y particularmente a Viriato, en su lucha contra Roma
  145. Es en este horizonte de atomización política e inestabilidad provocado por la conquista romana, en el que las fuentes alumbran el engranaje étnico de las comunidades prerromanas
  146. Podemos concluir que la Vettonia histórica (el dilatado espacio que hoy ocupa parte de Castilla-León, Extremadura y la raya portuguesa), como sujeto territorial, correspondió más a una reorganización provincial altoimperial
  147. La Vettonia histórica es en realidad una elaboración literaria y postrera como recientemente se ha sugerido
  148. La Vettonia histórica no corresponde a los límites políticos de un estado unitario o entidad prerromana global
  149. Como en el caso de Lusitania, Asturia o Callaecia, estaríamos ante un caso más de pars pro toto propio de la ordenatio territorial romana
  150. Estamos ante la denominación de un amplio territorio a partir de la extensión del nombre de una de las tribus que lo pueblan (los vetones)
  151. Este proceso tiene lugar en un momento -la época augustea- en que los espacios indígenas se redefinen en el nuevo orden impulsado por el princeps
  152. Coincide con la definitiva creación de la provincia Hispania Ulterior Lusitania, en la que se integran los vetones, probablemente no antes del 15 a.C.
  153. Redunda en esta idea el edicto de El Bierzo con la mención a la provincia transduriana
  154. Tiempo después en Lusitania se reconocían dos distritos fiscales o subunidades territoriales, Lusitania et Vettonia, la segunda correspondiente a la zona oriental de la provinciaWikipedia: File:Hispania 10dC Es.jpg
  155. El mantenimiento de esos corónimos en la circunscripción administrativa del siglo III d.C., fecha de alguna de estas inscripciones, denota el arraigo de aquellas añejas demarcaciones prerromanas
  156. Se trata de una idiosincrasia étnica corroborada en época altoimperial por el cuerpo auxiliar de caballería, operativo en Britania integrado por contingente de origen vetón: el Ala Hispanorum Vettonum civium romanorum
  157. La existencia de este cuerpo auxiliar de caballería de origen vetón está atestiguado epigráficamenteL VITELLIVS MANTAI F TANCINVS CIVES HISP CAVRIESIS EQ ALAE  VETTONVM C R ANN XXXXVI STIP XXVI H S E  "Lucius Vitellius Tancinus, hijo de Mantai, un ciudadado de España, de Caurium (Coria), tropa del Ala Vettona, Ciudadanos de Roma, de 46 años con 26 años de servicio. Aquí descansa." (RIB 159; tombstone)
  158. Sánchez-Moreno (2009) sostiene que aquellas comunidades políticas (castros, oppida, luego civitates) son copartícipes de significativos rasgos culturales y funcionales, como los verracos y otros indicadores de identidad compartida
  159. Por ello considera legítimo que los investigadores “sigamos preguntándonos por ‘la identidad de los vetones’, bien entendiendo que se trata de una percepción globalizadora, plural, cambiante y en buena parte exógena”

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